La interfaz de Goodreads… o por qué todo tiempo pasado fue mejor.

9.12.16



En este mundo globalizado, donde todo avanza a pasos agigantados, no es atípico que las redes sociales, motor de millones de palabras que se cruzan de un extremo a otro, busquen “ofrecer mejor opciones” a sus usuarios a través de actualizaciones de interfaz o servicios, entre otros.

Goodreads no es la excepción. Por eso, no es de extrañar que después de mi exilio bloguero (del que regreso, quiero creer, en gloria y majestad) casi escupiera mi té negro con arándanos al ver que Goodreads se había convertido en Facebook, una de mis peores pesadillas.

¿Acaso importa?, se preguntarán algunos. ¿No estará siendo un poco melodramática?, pensarán otros.

Sí, puede ser. Hay cosas que me las tomo a la ligera, otras más en serio. Y me pasa que los cambios reiterados me chocan un poco, como que me trastornan, sobre todo porque estoy acostumbrándome a un modo, y zas, que no, que te meten otra interfaz entre ceja y ceja y para colmo es peor que la anterior.

Goodreads que es una red que me gustaba mucho utilizar… hasta ese cambio. Ahora la detesto. Y echo de menos ir actualizando mis lecturas, ponerle estrellitas, comentar las de otros, etcétera, etcétera.

Quiero que vuelva el viejo Goodreads, ese GR vintage que no me causaba dolor en los globos oculares (no es broma).

No entiendo la manía de cambiarlo todo, la verdad. Quizá ese es mi problema.

Cuando la vida te secuestra. O crecer apesta. O cómo ser un adulto sin morir en el intento.

6.12.16

Cuando terminé mi carrera el año pasado, sabía que muchas cosas iban a cambiar. De partida, ingenuamente creí que tendría más tiempo libre: se acabaron los trasnoches, los proyectos infinitos y las maquetas que causaban dolor de espalda. Bastaría con organizarme bien y dedicarle el tiempo correspondiente al trabajo y a mis hobbies.

Craso error.

No estaba preparada para el cansancio físico y mental que arrastraba durante años, y que acabó pasándome la cuenta a mediados de este. Llevar el blog siempre conllevó trabajo y dedicación (como para todos), pero no me percaté de cuánto hasta que el hecho de escribir una sola entrada supuso un esfuerzo tan grande que simplemente me di por rendida antes de intentarlo.

Lo más triste de todo es que hasta leer se convirtió en algo que requería mucho de mi parte. Esta es la resaca lectora más larga que he tenido en mi vida. Lo peor es que al tomar cualquier libro no podía encontrar esas ansias de escapar que tenía antes, esas ganas irresistibles de perderme un par de horas en otro mundo. Los libros se convirtieron en algo muerto para mí, y la culpa de todo la tiene la rutina. Dejé que el trabajo y los deberes llenaran mi cabeza hasta tal punto que al acostarme y al levantarme lo único en lo que pensaba era en qué había hecho, y qué tenía pendiente por hacer. Los malditos pendientes de un adulto. Que si había llenado tal ficha, si había hecho ese plano, si había enviado ese correo. Así sucesivamente.

Y ni un solo pensamiento al libro que seguía acumulando polvo en mi mesa de noche. Ni a ese blog que me había acompañado a lo largo de tantos años. Ni a esas personas que conocí gracias a la blogósfera.

A principios de noviembre viajé a Santiago, y me sacudí la inercia. Me dije que las cosas debían cambiar. No podía permitir que el trabajo me absorbiera hasta ese punto. Era inconcebible. ¿Por qué no iba a poder con ello?

Pero pasaron los días, y la energía para ponerme manos a la obra no llegó.

Una noche, me puse a darle vueltas al blog. ¿Quizá me había aburrido? Imposible. El blog es mi bitácora de lecturas, el espacio donde comento las historias que pasan por mi vida. Sin embargo, sí notaba que ya no soy la misma lectora de 5 años atrás. Leo más lento, leo menos, leo sólo en la noche (casi siempre), leo cuando tengo ánimos. Es lógico que el blog sea menos activo. Así que le di más vueltas, y pensé, ¿por qué no diversificar el blog? ¿Por qué atarme a hablar sólo de libros? Puedo utilizar mi espacio como me plazca, ¿verdad? ¿Por qué no hablar de otras cosas que me gustan?

Y por eso me tienen aquí, de vuelta en Libros y Misterios. Quizá no la misma Bárbara que desapareció a mediados de año, pero sí una Bárbara que quiere renovarse sin morir en el intento, con tal de que la adultez no la consuma hasta ahogar quién es.

¿Qué van a encontrar aquí de ahora en más? Bueno, los libros no van a desaparecer. Pero sí se van a mezclar con otras de mis pasiones. Una de ellas será el mundo del té, que he desarrollado mucho este año. Puede que de vez en cuando encuentren mi opinión sobre algún animé, manga o dorama, ya que también incursiono en el mundillo oriental cuando tengo un poco de tiempo. En ocasiones hablaré de leer sin más, sin libro de por medio.

En resumen, este espacio seguirá siendo mi espacio, sólo que un poco más caótico. Así que súbanse a este tren. No sé dónde nos llevará… solo viajemos sin más.