Qué leo

5.8.22

Creo que olvidé realizar esta entrada en el mes de julio, aunque fue por una razón: llevo semanas tratando de terminar Pasajera de Alexandra Bracken. Supongo que llego un poco tarde a la historia, y que debí leerlo un par de años atrás para no sentir que la cancioncilla es familiar. Se parece un poco a El amor más allá del tiempo* de Kerstin Gier (trilogía que me encantó en su momento, pero a la que no se le puede pedir mucho, seamos sinceros) y, como si fuera poco, adolece del mal de aquellas novelas cuyo sustento es una carrera contrareloj y los protagonistas a pesar de ello tienen tiempo para ponerse cariñosos y mirarse como bobos. Así que sí, no hubo mucha novedad durante las semanas recién pasadas.

Por lo mismo, comencé a leer el manga de Sailor V de Naoko Takeuchi, que había comprado en la Feria del Libro de Buenos Aires el año 2019 (esa vez la maleta apenas pasó la aduana, traía más de 100 libros de Agatha Christie 😂) y que llevaba acumulando polvo en el librero. 

Estoy leyendo de a poco. Aunque Minako me parecía mucho más madura en el animé (especialmente cuando relata su pasado como Sailor V en uno de los capítulos de Sailor Moon), en el manga es una especie de copia de Usagi, por lo que me estoy llevando una sorpresa nada agradable. Por cierto, qué rollo eso de que tenga apenas 13 años. Como que algo no me cuadra al ver el dibujo.

Por lo demás, la trama avanza bien. Los capítulos parecen ser autoconclusivos, y hay un misterio que resolver, un personaje que se encuentra en las sombras y que creo saber quién es al asociar la historia con Sailor Moon. Espero acertar.

En último lugar, es agosto, señoras y señores. Como comenté hace unas entradas atrás, el club Dear Classics ha regresado en gloria y majestad, y me encuentro leyendo no una, sino dos ediciones de Frankenstein de Mary Wollstonecraft Shelley

La primera es la traducción de los manuscritos originales de la autora, resguardados en la Biblioteca Bodleiana de la Universidad de Oxford, sin los aportes y correcciones de Percy Shelley. Lo más genial de todo es que estos cuadernos se encuentran digitalizados, así que es posible ir revisando página a página cada palabra, cada oración escrita por la mismísima Mary. Les comparto el enlace acá por si les pica la curiosidad.

La segunda es la edición que se publicó en 1818, la cual tuvo correcciones editoriales, de Percy y también de Mary. Me hubiera gustado leer también la edición de 1831, que es la que Mary corrigió (donde se observan mayores cambios), sin embargo, eso ya era muy ambicioso y estoy segura de que el trabajo se atravesará en mis propósitos lectores, así que prefiero llegar bien a fin de mes para tener tiempo de ver algunas adaptaciones que, como algunos saben, es una de las costumbres que tenemos en el club de lectura.

¿Qué pretendo leer después? Estoy entre una novela en inglés, para ver si no he perdido la práctica ya que mi inglés es pésimo de todos modos (Stars Above de Marissa Meyer que lo dejé inconcluso hace unos años) o retomar a Brandon Sanderson con Mistborn Era 2 de cara a la publicación de El metal perdido (se supone que sale en octubre o noviembre en español, a la par que en inglés, si no me falla la memoria).

¿Qué están leyendo ustedes? Cuénteme en los comentarios.

*Editado porque me equivoqué con el nombre jajaja. La memoria de esta anciana.

El amor y otros choques de tren ~ Leah Konen

2.8.22

Love and Other Train Wrecks · Leah Konen
Autoconclusivo
V&R Editoras · 2019
333 páginas
ISBN 9789877475326
Un viaje en tren.
Dos extraños.
Noah es un romántico empedernido que regresa a casa para recuperar a su primer amor, ese que dejó atrás al marcharse a la universidad.
Ammy no cree en el amor, y sus padres son la prueba viviente de que no existe. Está escapando de una madre que no le presta atención, hacia lo de un padre que probablemente no lo quiere.
Una noche de invierno, Ammy y Noah se encuentran en el mismo tren con destino a Nueva York. Cuando el vehículo se averia en medio de una tormenta, a los chicos no les queda más remedio que intentar llegar a su destino juntos, en el que se convertirá en el viaje de sus vidas.
¿Pueden veinticuatro horas cambiar todo lo que creen sobre el amor?

Comentario personal

Soy fanática de los trenes. Me encanta el romanticismo de viajar en un tren, el que sea. Y me encantan las historias ambientadas en trenes. No por nada Asesinato en el Orient Express de mi querida Agatha Christie es una de mis novelas preferidas.
 
Pues bien, no recuerdo cuándo ni dónde fue que compré este libro (seguramente fue en mi viaje a la Feria del Libro de Buenos Aires del 2019), pero de lo que sí estoy segura fue de qué me atrajo de él: el título dice “tren”. Sí, soy básica. Y bueno, seguramente me convencí de que era una buena idea darle una oportunidad.

Error.

Lo primero es que la autora me engañó soberanamente: el susodicho tren no tiene protagonismo alguno, y lamento decirles que pronto es abandonado y dejado atrás por los personajes. Disculpen, pero debo advertirles aquello. Que sí, que se queda detenido en la nieve a lo Agatha Christie; no obstante, no hay más de eso.

Lo segundo es que en este libro hay drama adolescente puro y duro, damas y caballeros. El drama de Ammy puedo entenderlo. Con ella, la autora explora temas como la familia, la dependencia emocional y la aceptación. No con demasiada profundidad y probablemente lo hace para darle cierta sustancia al personaje, pero sí lo suficiente como para que nos importe el trasfondo de Ammy y así darle un sentido a la lectura. El drama de Noah, por otro lado, no tiene sentido. Juntos, todavía menos.

Quizá ya no estoy en condiciones de leer estos desabridos romances adolescentes, donde un chico y una chica muy cultos y diferentes a los demás sólo por el hecho de ser lectores encuentran al gran amor de sus vidas por obra del destino. Me resultan insufribles. ¿Que así se llama el título? Ya lo sé, no me regañen. Sólo… esperaba un poco más.

Me di cuenta que los personajes apenas tenían sustancia al confundir sus voces todo el tiempo. Eso significa que no dejan huella en el lector, y que poco nos importa lo que ocurra con ellos. Pregúntenme qué fue de Ammy y Noah. Pues bien, ya ni me acuerdo. Así de insulsa fue la lectura. ¿Cómo hice para terminar el libro? Ni yo misma lo sé. Aplausos para mí, por favor.

Dear Classics vuelve a la carga

28.7.22

En este blog sabemos muy bien lo que significa la perseverancia (tozudez dirán algunos). Pues bien, las integrantes del club de lectura Dear Classics no podían ser distintas. 

Con Angie, Priscila, Kathe y Dani estábamos leyendo la obra de las Brontë cuando se nos atravesaron varias cosas en el camino: un estallido social, la pandemia, el trabajo, entre otros. Aquello influyó en que el club quedara en pausa. Coincidentemente fue con el mismo libro del parón anterior: Cumbres Borrascosas. (Ya lo he leído 2 veces a causa del club y no hemos podido comentarlo. Cosas de la vida).

Pues bien, hace un tiempo conversaba con Angie y con Pri por separado sobre lo mucho que extrañábamos el club, y que tal vez ahora las circunstancias nos permitirían retomarlo. Decidimos poner manos a la obra, de otra forma íbamos a quedar en la estacada.

Así que sí, el club de lectura Dear Classics vuelve en gloria y majestad. Ahora, incluso mejor, porque decidimos abrir una cuenta en Instagram para mantener informados y conectados a los participantes. Por supuesto, el grupo en Goodreads sigue habilitado, y es allí donde se cuece el debate de cada libro. 

Les invito cordialmente a sumarse, decidimos reinaugurar el club con un libro pionero escrito por una autora de gran calibre: Frankenstein o el moderno Prometeo de Mary Wollstonecraft Shelley

Por mi parte, estaré en una cruzada leyendo 2 ediciones en paralelo: la de 1816-1817 de Austral (el texto original recuperado por la Biblioteca Bodleiana de la Universidad de Oxford), y la de 1818, edición anotada de Ariel (porque, si no lo sabían, hay 3 ediciones distintas de Frankenstein, siendo la última la de 1831 ampliamente revisada por la autora). Deséenme suerte, que la necesitaré.

Nos pueden seguir en Instagram en @dearclassics, y en Goodreads en este grupo (o click en la imagen).

¡Quedan invitadísimos!

Persuasión. O por qué no es necesario (ni bueno) modernizar la adaptación de un clásico.

19.7.22

Hace unos días me di el tiempo, junto con una amiga, de visionar la nueva adaptación de Persuasión, una de las novelas más íntimas de Jane Austen.

En esta ocasión, la película está producida por Netflix, dirigida por Carrie Cracknell y protagonizada por Dakota Johnson en el papel de Anne Elliot, y Cosmo Jarvis en el del capitán Wentworth. La tarea no es simple: las adaptaciones más recientes (la del '95 y la del 2007, ambas producidas por la BBC) se quedan cortas al llevar a la pantalla una de las novelas más ambiciosas y queridas de Jane. 

La trama, de por sí, plantea un desafío importante. ¿Cómo la historia de una solterona de 27 años, que se reencuentra con el amor de su juventud al que rechazó persuadida por otros, es capaz de encantar al público actual?

Pues bien, Cracknell usa la receta que tan buenos resultados le ha dado a Bridgerton: la "modernización". Pongo entre comillas el término porque los alcances del mismo son variopintos como el pelaje de un gato romano.

La modernización en Bridgerton, una novela basada en las novelas románticas de Regencia de Julia Quinn, son una elección estética y de marketing de los productores. Hay algunos artículos circulando en las redes sobre cómo el tema del vestuario fue clave para enganchar a la audiencia "moderna"; las prendas de aquel entonces fueron consideradas, en términos sencillos, aburridas y sosas. La música hace otro tanto: versiones orquestales de hits de ayer y hoy son un boom entre los fanáticos de la serie. 

Sí, puedo entenderlo. 

Sin embargo, no debemos olvidar un punto importante: la prosa de Quinn es la de una persona contemporánea que recrea la cultura y la sociedad del pasado. Quinn no vivió en la Regencia; tuvo que investigar, interiorizarse en prácticas y hábitos (los de la nobleza principalmente) y, en definitiva, hacer suyas, en la medida de lo posible, distintas características, rasgos y costumbres de la sociedad británica de principios de siglo XIX. 

Persuasión, por otro lado, incluso puede considerarse (salvando las distancias) hasta una especie de biografía de Jane Austen: el perfecto retrato costumbrista de la Inglaterra de 1815, con sus diferencias de clases, el estricto rol de la mujer como esposa, madre e hija, las dinámicas familiares, entre otros.

Sin embargo, Cracknell ha dejado todo eso de lado, insinuando a viva voz que las generaciones actuales no se sienten (o no deben) sentirse atraídas por aquel pasado. 

Yo critico abiertamente aquella visión. ¿Por qué derrochar la oportunidad de recrear la historia? ¿De aceptar el desafío de educar además de entretener? ¿De mantener vivas las novelas que han sabido sobrevivir dos siglos y que todavía siguen ganando adeptos? ¿De brindar un homenaje a la autora que tantos corazones y mentes ha conquistado gracias a su sagacidad, su humor y su cuidada exploración de la mente y los deseos humanos?

Sinceramente, me cuesta trabajo no sentirme decepcionada. Pasarán un par de años (o quizá no tanto si Elle tiene razón) para que otro productor apueste por esta adaptación, y quizá, incluso así, sigamos sin tener una que le haga justicia a una de las cartas más bellas jamás escritas.

Citas misteriosas #30

10.7.22


¿Qué es una persona, sino las huellas que deja? 
Olvidar es triste, desde luego. 
Pero que te olviden resulta solitario. 
Recordar cuando nadie más lo hace. 
Yo me acuerdo, susurra la oscuridad, casi con amabilidad, como si no fuera él quien la maldijo.
Un niño nace con el corazón roto. 
Los médicos entran en el quirófano y lo reconstruyen, vuelven a unir los trozos, y el bebé es enviado a casa. Tiene suerte de seguir vivo. Dicen que se ha recuperado, que puede llevar una vida normal, y sin embargo, a medida que crece, él está convencido de que algo sigue yendo mal en su interior. 
La sangre fluye, las válvulas se abren y cierran, y en los escáneres y pantallas, todo funciona como debería. Pero algo no va bien. 
Le dejaron el corazón demasiado expuesto. 
Se olvidaron de volver a cerrarle la armadura que conformaba su pecho. 
Y ahora siente... demasiado. 
No se te escapa la ironía de que por culpa de tu deseo de vivir, de aprender, de encontrarte a ti mismo, has acabado perdido.
El arte tiene que ver con las ideas. Y las ideas son más indómitas que los recuerdos. Son como las malas hierbas, siempre encuentran la forma de desarrollarse. 
«He encontrado una manera de dejar una huella», quiere decirle. «Pensaste que podías hacerme desaparecer del mundo, pero no puedes. Sigo aquí. Siempre seguiré aquí.»
La felicidad es efímera, pero la historia perdura en el tiempo, y al final, todo el mundo quiere ser recordado.
Esta es una pelea forjada a lo largo de los siglos. 
Tan antigua e inevitable como el giro incesante del mundo, el fin de una era, la confrontación entre una chica y la oscuridad.
V.E. Schwab

El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde ~ Robert Louis Stevenson

2.7.22

The Strange Case of Dr. Jekyll and Mr. Hyde · Robert Louis Stevenson
Autoconclusivo
Austral · 2021
160 páginas
ISBN 9786070774164
Robert Louis Stevenson fue uno de los gigantes de la novela de aventuras, pero también fue uno de los grandes conocedores de la mentalidad humana, por lo que era de rigor que tarde o temprano escribiera un clásico imperecedero como El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde, publicado en 1886. Lúcido testigo de la Revolución Industrial ocurrida en el Reino Unido, Stevenson reflexiona acerca de los límites del método y de la ética científicos, pero, sobre todo y de una manera absorbente e inolvidable, de la dualidad entre el bien y el mal.

Comentario personal

Creo que la cultura popular, el musical y conocer el desenlace le han hecho un daño irreparable a mis expectativas. Por supuesto, sabía que esta novela corta es una breve y ficticia exploración de lo que actualmente conocemos como un trastorno de personalidad disociativo, pero no esperaba que alabase el regodearse en la maldad que anida en cada uno de nosotros.
 
El hombre no es realmente uno, sino dos.

A diferencia de Frankenstein, que me pareció brillante y superó todas las ideas preconcebidas que tenía sobre él, El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde se queda corto en proporcionarme un atisbo de ese terror del que alardea página tras página: sí, Hyde es un ser monstruoso, pero el autor jamás nos permite sentir aquel miedo y aquella repugnancia de la que todos los personajes hablan cuando se encuentran en su presencia. Quizá tenga que ver con que conocemos el caso de Jekyll y Hyde a través de un abogado amigo de Jekyll, que poco y nada hace porque nos interesemos en los designios de su compatriota, sobre todo porque este último no tiene intención de develar su secreto hasta el mismísimo final; o quizá tenga relación con que Hyde es apenas una anécdota la mayor parte del tiempo, y poco y nada sabemos de sus maldades.


Lo que si está claro es lo absurdas que resultan las decisiones de Jekyll: un hombre maduro, respetado, cede a la curiosidad (así como cediera Frankenstein también) de dejar libre a su yo oscuro y lascivo, quedando él libre de toda consecuencia de los actos de su lado más malvado. Claramente, aquello sólo puede derivar en un desastre de proporciones: evidencia de ello es el capítulo final, donde vemos la desesperación sin pies ni cabeza de Jekyll, quien ha cavado su propia tumba con su absurda idea de darle un cuerpo a sus deseos ocultos o, más bien, intentar vivir sin consciencia a través de su otro yo.

No es fácil describirlo. Hay algo en su aspecto que no es normal, algo desagradable, francamente detestable. Jamás he visto a nadie que me inspire tal repulsión, pero no sé por qué. Debe de tener alguna deformidad; da una impresión de una cosa contrahecha, aunque no puedo especificar en qué consiste. Es un hombre de aspecto extraordinario y, a pesar de eso, no puedo decir que tenga nada que se salga de lo corriente.

La narración es rápida, ligera, y nos sumerge en un Londres brumoso del que apenas conocemos algunos callejones y las casas de los distintos personajes; Stevenson poco hace por crear una atmósfera terrorífica, pues el terror está en el personaje de Hyde, mediante el cual se utiliza el artificio de su aspecto "deforme" (entre comillas porque la deformidad tiene que ver con su espíritu corrupto) que va contra lo natural y las leyes del mundo.
 
Quizá lo más torpe es el desenlace, donde apenas se le da voz al verdadero protagonista para explicar por qué hizo lo que hizo, algo que apenas se resuelve en 20 páginas. Claramente me faltó historia, me faltaron personajes (aquí el mayordomo tenía un rol fundamental pero queda relegado a un par de intervenciones), me faltó contexto y me faltaron palabras. En resumen, decepcionada.



Les recomiendo darle una oportunidad al musical basado en esta historia, Jekyll and Hyde. Hay canciones que llevan viviendo en mi cabeza durante meses, como Alive o Confrontation. ¡Incluso existe una versión de Confrontation interpretada por nada más ni nada menos que David Hasselhoff! Se las dejo por aquí.

Agatha Christie renovada #3

20.6.22

Ya saben que amo a Agatha Christie, y que estoy en campaña para completar las dos colecciones que pude conseguir en su momento: la de HarperCollins, en inglés, edición de los 2000, y la de Biblioteca Oro, Molino, de los años 70-80. 

Ambas las tengo incompletas, con 5 libros por conseguir aún en cada una (más o menos, ya que en Harper igual quiero conseguir los libros que Agatha sacó con el seudónimo de Mary Westmacott más las 3 novelas del Detection Club, y esos serían 9 libros más).

Hace un tiempo que le vengo siguiendo la pista a Booket, ya que ha estado publicando constantemente nuevos títulos de Agatha en una edición que me fascina, ya que me recuerda a las dos anteriores, con sus portadas temáticas y la rúbrica de la autora en primera plana. Esperaré tres o cuatro años más antes de comprar, quiero ver si Planeta se anima a sacar con este sello toooooda la bibliografía de Agatha. Si lo hace, esta humilde servidora será un poco más pobre de lo que es hoy 😂.

Por ahora, les dejo los títulos que han salido durante estos meses. 

El misterio de la guía de ferrocarriles (The ABC Murders en el original) y El espejo se rajó de lado a lado se publican en 3 semanas aprox. The ABC Murders fue adaptado recientemente por BBC One, aunque no he querido verla sin antes leer la novela.

Encuentran acá y acá los anteriores. Estoy pensando en hacer una entrada recopilatoria e ir actualizándola, así hacemos el check list y comprobamos si se cumple el pronóstico de los 80 libros publicados.

La vida invisible de Addie LaRue ~ V.E. Schwab

12.6.22

The Invisible Life of Addie LaRue · V.E. Schwab
Autoconclusivo
Umbriel · 2020
504 páginas
ISBN 9788416517374
Una vida que nadie recuerda. Una historia que nunca olvidarás.
Francia, 1714. En un momento de desesperación, una joven hace un pacto faustiano para conseguir una vida infinita. ¿Cuál es el precio que deberá pagar para vivir eternamente? El olvido. Todas y cada una de las personas que conoce la terminarán olvidando.
Así es cómo comienza la extraordinaria vida de Addie LaRue; una vida que atraviesa siglos y continentes, una vida que atraviesa la historia y el arte, en la que ella intenta comprender hasta dónde será capaz de llegar con tal de dejar su marca en el mundo.
Sin embargo, todo cambia cuando, después de 300 años, Addie conoce a un hombre en una librería. Pero hay algo más… él es la única persona que recuerda su nombre.

Comentario personal

Tengo sentimientos encontrados con este libro. Por eso me siento indecisa a la hora de puntuarlo. Verán, algo que no perdono en un libro es que me haga caer en un bloqueo lector. Y, lamentablemente, La vida invisible de Addie LaRue estuvo a punto de hacerlo debido a sus primeras 250 páginas.

La razón es sencilla. He estado revisando vídeos y artículos sobre la construcción de una historia (me encuentro trabajando en mi propio proyecto de escritura), y algo en lo que todo entendido y amateur suelen coincidir hasta el momento es que, en una novela, cada palabra, cada capítulo, cada diálogo, debe tener una razón. Debe gatillar algo, impulsar la trama a costa de “conflictos” para así atrapar la atención del lector. Nada puede sobrar; si lo hace muy probablemente debe ser desechado. Por eso muchos autores escriben 3, 4, 5 borradores, hasta que tienen la historia que llega a manos del editor y el corrector; entre tanto, habrán reescrito múltiples veces escenas y capítulos enteros. ¿Por qué? Porque un libro es efímero. Tiene un principio y un final. Debemos construir una historia con un puñado de palabras, y sólo tenemos una oportunidad.

¿Qué es una persona, sino las huellas que deja?

Pues bien, La vida invisible de Addie LaRue parte muy bien, no lo niego. Como personaje, Addie es encantadora: una chica que vive una vida equivocada en una época equivocada. Es una soñadora y anhela descubrir el mundo más que nada; la atrae la posibilidad de asombrarse y encantarse con lo que este tiene para ofrecer. Pero está condenada a roles que, en el siglo XVIII, son como camisas de fuerza: esposa, madre. Roles que no desea, que jamás le permitirán cumplir sus sueños. Y Addie, desesperada por escapar, comete un error. Hace un trato con un ser ancestral que no tiene reparos en lanzarle una maldición cuyas condiciones ella irá descubriendo con dolor, con tristeza, con resignación. Una de ellas, la más dolorosa, será no ser recordada. Y una persona incapaz de dejar huellas tras de sí, no existe.

La novela alterna capítulos que nos cuentan la vida de Addie en el pasado, casi como un diario de vida del tiempo en que tarda en descubrir los límites de su maldición y las pequeñas grietas donde puede eludirla, y otros en el presente, una cinta en alta definición que transcurre inexorablemente hacia un final que redefine la importancia de apreciar cada segundo de nuestras vidas. Son 500 páginas en las que se explora con ahínco el peso del tiempo, el valor de la familia, y cómo somos capaces de dejar una marca en el mundo, una muesca que evidencie que estuvimos aquí, y que incluso al marcharnos, nuestra existencia tuvo un propósito. 

Pero la pena se ha desvanecido, ha sido reemplazada por una rabia obstinada, y ella decide avivarla, proteger y alimentar la llama hasta que haga falta mucho más que un solo aliento para extinguirla.

La vida invisible de Addie LaRue es una novela extremadamente interiorista, a veces redundante en sus ideas (por lo general la autora repite muchos conceptos y palabras), y quizá este continuo deambular en círculos es lo que le quita dinamismo a la historia. A veces el uso del lenguaje es acertado; otros, se siente más como relleno. Lamentablemente la autora se dedica más a contar que a mostrar, y eso le pasa la cuenta a gran parte de la novela. Esas 250 páginas iniciales fueron una lucha, y en un momento me planteé abandonar. Doscientas cincuenta páginas para que un libro te entusiasme es demasiado.

Sólo gracias a un hecho que genera un quiebre en la trama Schwab fue capaz de capturar nuevamente mi atención. (No un plot twist, porque lo vemos venir desde el principio). Desde allí, confieso, la lectura fue viento en popa. También desde aquel punto la figura de este ser oscuro, un diablo en toda regla, coge mayor relevancia: deja de ser una caricatura y construye su propia personalidad. Su interacción con el resto de los personajes es el perfecto contrapunto de la bucólica cotidianeidad de la vida de Addie, que por momentos parece tragarnos con situaciones perfectamente olvidables. (Tantos, tantos detalles… Por momentos me parecía estar leyendo una guía de viajes, especialmente todo lo relacionado a Nueva York. Entiendo el propósito de la autora, pero de todas maneras se siente exagerado y contraproducente).

Pasado el ecuador, comienza una carrera contrareloj que, en un libro sobre una persona que tiene todo el tiempo del mundo, resulta sobrecogedor. Y eso fue lo que consiguió atraparme, y lo que me tuvo con un nudo en la garganta durante las últimas páginas. La historia del deuteragonista me encantó. Para algunos puede resultar cliché, demasiado dramática incluso, pero hay algo preciosamente frágil sobre una persona que se siente perdida. ¿Cómo encuentra su lugar? ¿Consigue habituarse a él? ¿O se rinde antes de siquiera intentarlo? Por supuesto, el final también está a la altura de esta protagonista tan peculiar: el carácter indómito de Addie sale a flote en todo su esplendor; cerramos el libro con el corazón apretado, pero con un fuerte sentimiento de satisfacción y dicha. Una oportunidad. Una promesa. Un final espectacular.

En resumen, puedo decir que este libro no es para todos. Además, mucho tiene que ver con el momento en que se cruce en tu camino. Si buscas algo ágil, trepidante, no lo encontrarás acá. La historia de Addie es una infinita pausa en el tiempo, un nudo que jamás se desata, un deambular por las inhóspitas arenas de su congelada existencia. Puede que te enamore, si le das una oportunidad.

Encontraré el camino, o me lo abriré yo misma.

Qué leo

8.6.22

Junio parte bien. A pesar de (o gracias a) las olas polares que visitan estas latitudes, las lecturas avanzan a buen ritmo, siempre acompañada de un buen té (Lady Grey de Twinings por lo general) y mi querido calientacamas. Además de Toyo, mi nueva mejor amiga 😁 (y última compra).

Hasta hace unos días estuve leyendo El amor y otros choques de tren. No recuerdo cuándo lo compré, seguramente fue en uno de mis viajes a Argentina (San Martín de los Andes o FILBA pre-pandemia), lo que sí recuerdo es que me atrajo el título. Me encantan las historias que se ambientan en trenes. Pues bien, me llevé un buen chasco porque el tren casi no tiene protagonismo, y los personajes lo abandonan al cabo de unos capítulos. Además, es de esos libros juveniles que terminan sin pena ni gloria. En un momento pensé en abandonarlo, pero ya llevaba más de la mitad así que intenté avanzar lo más rápido posible para terminar el calvario.

Después vino la odisea de elegir una lectura entre toooodos los pendientes que hay en mi librero. Hay algunos a los que les tengo miedo (especialmente trilogías y sagas largas, pero ojo, que sigo comprando como desquiciada), por lo que me apetecía un autoconclusivo. (Irónicamente, en el último Cyberday sólo compré uno de esos, los demás fueron libros de sagas que tengo a medio completar 😅).

Como leen, tenía mis buenas intenciones, pero, verán, Pasajera de Alexandra Bracken me hacía ojitos desde su rincón de la estantería, así que como es una bilogía decidí darle una oportunidad. 

Al principio la narración me pareció un poco desordenada, pero al pasar las páginas me acostumbré al estilo, agradecida de cómo la autora va creando la atmósfera y recreándose en las peculiaridades de cada personaje. Además, he estado haciendo uso de los conocimientos adquiridos con TwoSet Violin porque Etta, la protagonista, es violinista, y ya sus primeras intervenciones tienen que ver con ciertas piezas e intérpretes mundialmente reconocidos. Espero grandes cosas de esta historia, ojalá no me defraude.

¿Qué leen ustedes? ¿Alguna recomendación?

PD: ¿Es mi idea, o una cantidad nada despreciable de personas están leyendo Las Crónicas Lunares? Me aparecen seguido los libros de Marissa en Goodreads e Instagram. Genial, porque la historia es hermosa. Y pésimo, porque acabo de recordar que nunca terminé de leer Stars Above. Soy la peor fan 😩. Creo que después de Pasajera me pondré con él.

Necesito leer: El Señor de los Anillos de J.R.R. Tolkien

5.6.22


Sección aleatoria para promocionar y/o compartir alguna
lectura deseada, haya sido o no publicada a la fecha.

Más de alguien se caerá de espaldas cuando lea esta entrada. Sí, lo sé, sacrilegio. Pero no tengo la culpa. Se me han atravesado cientos de libros en el camino, y simplemente no le he dado la oportunidad a esta trilogía que es la cumbre de la fantasía épica, y que todo autor de cuidado de una u otra manera referencia (positiva o negativamente) en su trabajo.

Pues bien, estoy trabajando en una novela de fantasía, y siento que debo leer a Tolkien. Para bien y para mal, con él comienzan muchos clichés de este género, pero también sentó bases sólidas para quienes gustan de una historia con un mundo propio, distinto a nuestro planeta, y eso es algo que necesito explorar. Por supuesto, Tolkien difiere diametralmente de cualquier otro autor: creó un mundo para sus lenguajes, no una lengua para su mundo. No sé si alguien ha llegado a ese nivel (si saben de otro autor, me dejan el dato en los comentarios por favor).

Así que vamos, llegó la hora.




En la adormecida e idílica Comarca, un joven hobbit recibe un encargo: custodiar el Anillo Único y emprender el viaje para su destrucción en las Grietas del Destino.
Consciente de la importancia de su misión, Frodo abandona la Comarca e inicia el camino hacia Mordor con la compañía inesperada de Sam, Pippin y Merry.
Pero sólo con la ayuda de Aragorn conseguirán vencer a los Jinetes Negros y alcanzar el refugio de la Casa de Elrond en Rivendel.





¿Cuántos de ustedes están en la misma situación sacrílega? Digo, para sentirme acompañada 😂. 

Estoy en la disyuntiva sobre si ver las películas antes de ir a los libros. Hace unos días un colega me preguntaba si es una especie de rito leer primero los libros antes de ver una adaptación. Por lo general lo hago así, en mi opinión el material original es, casi siempre, mejor que la adaptación, pues lo cierto es que las películas y series suelen defraudarme (hay excepciones, como Catching Fire o la miniserie de Pride and Prejudice de 1995). 

Sin embargo, cuando visualizo primero la adaptación, me pasa que después leer el libro pierde su atractivo, como que mi interés en él decae después de saber el grueso de la historia. Me pasó con If I stay, y bueno, el libro lleva acumulando polvo hace años. 

Puede que esta indecisión dilate el momento de leer los libros, pero tarde o temprano caerán, eso es seguro.

Frankenstein ~ Mary Shelley

22.5.22

Frankenstein, or the Modern Prometheus · Mary Shelley
Autoconclusivo
Austral · 2015
304 páginas
ISBN 9788467043662
Aquel «verano húmedo y desapacible» de 1816 «me entretuve pensando una historia que consiguiera que el lector tuviera pavor a mirar a su alrededor, que le helara la sangre y que acelerara los latidos de su corazón». Mary Shelley en la introducción a la edición de 1831 sobre cómo se forjó Frankenstein.

Victor Frankenstein, un prometedor estudiante de medicina, se obsesiona con desentrañar los misterios del alma humana. Sus experimentos tendrán como resultado nefastas consecuencias.

Comentario personal

Frankenstein. Una palabra que evoca imágenes de un monstruo verdoso, con costuras en la piel y tuercas saliendo del cuello o de las sienes. Una criatura que ha conseguido vida gracias a la electricidad. Nada más erróneo.

Yo era afectuoso y bueno: la desdicha me convirtió en un malvado. ¡Hacedme feliz, y volveré a ser bueno...!

Me ha sorprendido muy gratamente esta historia. Es verdad que mis expectativas eran muy elevadas, y que esperaba algo más (particularmente lo que se refiere a los personajes femeninos, quienes adolecen de nulo desarrollo); sin embargo, a pesar de aquel detalle, siento que todos los sentimientos que genera la historia de Victor y su demonio hecho carne y huesos en apenas trescientas páginas es suficiente para que el lector se sumerja en una historia cuyo misterio no es el nacimiento de esta extraña criatura, sino su supervivencia y su lugar en un mundo que jamás ha visto uno como él.

¿Qué significa que te sientas complemente apartado de la humanidad, sin derecho a felicidad alguna, sentenciado a la más absoluta soledad y a la incomprensión de todos quienes te rodean? El monstruo de Frankenstein no es uno por su aspecto, sino por lo que su existencia ha venido a significar para sí mismo, un ser que con el paso del tiempo se va corrompiendo, como si hubiese absorbido los pecados de su creador.

No puedo adentrarme demasiado en la trama porque es un libro que se lee mejor sin el imaginario que el cine y la cultura popular le han otorgado; entre sus páginas es posible encontrar algo mucho más profundo que la creación de vida artificial. Es una novela que resiste muchos análisis, donde se puede explorar, por nombrar unos pocos temas, las consecuencias del abandono, la ambición por el conocimiento, el rechazo a lo diferente, entre otros.

Definitivamente es un libro que releeré en un futuro no muy lejano porque creo que se pueden extraer muchas ideas y conceptos. Resulta asombroso que su autora, siendo tan joven, se haya cuestionado tan profundamente lo que nos hacer acreedores de ser llamados seres humanos.

Yo también puedo sembrar la desolación.


Les comparto este artículo publicado en National Geographic que brinda adecuado contexto al nacimiento de esta historia.

Momo, el valor del tiempo y viejos recuerdos

13.5.22

Hace muchos años, cuando todavía cursaba enseñanza básica, tuve una maravillosa oportunidad. Mi profesora jefe era la persona a cargo de la biblioteca de mi escuela (ahora me pregunto por qué no había una bibliotecaria). Yo tenía entre 11 y 12 años, y mi pasión por los libros creía a pasos agigantados. Más adelante, descubriría a García Márquez, Cortázar y Allende, cuando cursara la enseñanza media. A los 11, me atraían las historias fantásticas: La Odisea, los libros de Verne, una que otra historia infantil. 

Un invierno, mi profesora me dio la posibilidad de pedir una cantidad desorbitante de libros (para mi yo de aquel entonces) para leerlos durante las vacaciones. Fue así que seleccioné alrededor de 20 libros, que devoré durante 2 semanas junto a la estufa a leña, uno de los pocos lujos que podíamos permitirnos, pues fue alrededor de aquellos años que mi padre perdió su trabajo. Un lujo que, aderezado con un buen libro y un café con leche, es uno de mis recuerdos más preciados. 

Uno de ellos era Momo, de Michael Ende. 

Poco recuerdo ya de la trama, o de quién era la tal Momo. Sí recuerdo una idea: el tiempo como algo transable, algo que puede ser moneda de cambio. Algo que le da peso y dimensión a las cosas: a lo que nos importa, a lo que ocurre a nuestro alrededor, a nuestras vidas. 

Hace unos días recibí un correo de la editorial PRH comunicando sus novedades mensual, y qué sorpresa más agradable me llevé cuando descubrí que Momo sería reeditada. "Debo conseguirla", me dije. Pero luego pensé, "¿quiero releer un libro? ¿Cuando tengo decenas en mi estantería esperando mi atención?"

Sin embargo, hay momentos en que necesitamos reencontrarnos con una historia. 

A veces es necesario releer El Principito para recordar somos criaturas salvajes que hemos sido domesticadas por quienes se cruzan en nuestro camino. O Persuasión, para no olvidar que aunque los años pasen, hay cosas por las que vale la pena luchar. O Macbeth, donde una palabra, una frase, puede destruir a una persona. (Qué drama, ¿no?).

Momo es una de esas historias. Dedicarle tiempo enseña el valor del tiempo. Si tienen la oportunidad de tenerla en sus manos, denle una oportunidad. Quizá diez, veinte, treinta años después, sientan la misma ansiedad que yo por perderse en sus páginas, a sabiendas que será como reencontrarse con un viejo amigo largamente añorado e inmensamente querido.

Qué leo

8.5.22

Mayo esta siendo un mes difícil en términos lectores. 

Por un lado, en abril participé en el Camp Nanowrimo, como es habitual, y, aunque no fue tan productivo como años anteriores, logré batir mi meta de 25 mil palabras (escribí 35 k), lo que sin duda es un gran avance. Sin embargo, creo que acabé forzándome un tantito a escribir, así que mi meta de escribir 10k este mes no va exactamente bien. En fin, ya veremos si participo en el Camp de julio.

Al cansancio propio del Camp, se suma que llevo leyendo hace varias semanas La vida invisible de Addie LaRue de V.E. Schwab. 

Es un libro que en algún momento tuvo mucho hype (de hecho, yo misma me subí al carro, esperando a tenerlo en mis manos apenas fuera publicado en español; me atraía principalmente cómo la autora comentaba en redes que la idea para el libro llevaba rondándola mucho tiempo), sin embargo, me ocurre algo curioso con él. 

La historia en sí es interesante: una chica que hace un trato con una especie de ser sobrenatural, un trato que sale terriblemente mal cuando él la maldice a vivir eternamente sin poder ser recordada por nadie. Pinta bien, ¿verdad?

Mi problema es que he estado viendo varios vídeos y leyendo artículos sobre cómo escribir historias de calidad, y creo que la de Addie tiene un pequeño problema: abunda información que sobra. Es un libro de 500 páginas, pero cada vez que avanzo un capítulo, me pregunto, ¿en qué contribuyó a la trama? ¿Hacia dónde nos dirigimos en realidad? Por supuesto, esto puede ser un problema mío y solo mío; quizá le estoy pidiendo algo que no debo. No obstante, me falta ese granito de acción, de chispa, que impulse la narración. De otra manera, se siente como un diario de vida donde Addie no hace más que contarnos su día a día, terriblemente monótono y tan parecido al de cualquiera. Por supuesto, esto se puede atribuir a que la autora explora la intimidad del personaje con detalle; sin embargo, me atrevo a afirmar que las tribulaciones de su protagonista deben gatillar acción (emocional, espiritual, moral, la que sea), de otra manera cada palabra es relleno.

En fin, quizá simplemente no es el momento de leerlo. Tal vez debería dejarlo a un lado y darle la oportunidad a otro libro con un ritmo más acelerado, o más corto. Temo que voy a regresar a mi querida Agatha Christie en cualquier momento. O a Brandon Sanderson, que con su forma alocada de escribir saca más libros de los que soy capaz de leer (The Lost Metal supuestamente sale en noviembre de este año, así que debo retomar Mistborn Era 2).

La porfía es una cualidad. O por qué no debemos rendirnos, cuando lo correcto sería hacerlo.

3.5.22

Cuando empecé en Blogger, allá por el 2012, esto de los blogs literarios estaba en boga. Yo era una más de un centenar de blogs en español, y me contentaba con tener este rinconcito donde subir mis comentarios sobre mis últimas lecturas, el que además me permitía interactuar con aquellas personitas que fui conociendo aquí. Después, comenzó el salto a Youtube, y muchos nos mantuvimos acá, resistiéndonos a aquel cambio tan radical. Más tarde, llegó Instagram, y mi esporádica pasión por la fotografía me llevó a dedicarle esfuerzos también a un rincón propio en aquella red social.

Verán, siempre creí que escribía reseñas para mí, cuando la verdad es que nunca escribimos sólo para nosotros mismos. En el mundo literario, escribes para que te lean. Y para que la persona al otro del papel (o de la pantalla, si somos exactos en este caso) sienta algo. En esto de los blogs y las plataformas varias, ese algo es la necesidad de interactuar. Esperamos una respuesta. Una crítica. Un comentario.

Al principio, me satisfacía publicar. Podía decir "soy bloguera", "soy bookstagramer" sin acomplejarme. Después, vinieron las inherentes comparaciones... y las decepciones. Sí. El ego es algo que todos tenemos. Pero más que ego, me desanimaba el cambio a pasos agigantados, la incapacidad de ir a la par de los demás, la mínima respuesta de aquellos seguidores que perseguía con ahínco.

Y después de aquello, llegó el cansancio, y el desinterés. Por la lectura (algo doloroso, porque sigo amando leer, y no quiero abandonar los libros), y por este mundillo que ha mutado en algo que ya no reconozco, una vorágine de novelas de moda, lectores que acumulan lecturas y libros de manera estratosférica, plataformas que no me interesa explorar (te hablo a ti, Tik tok). No solo eso, llegó la adultez, con sus responsabilidades, sus horarios, sus ritmos, y su cansancio propio. Siempre había tiempo para leer, sólo no me daban las fuerzas. Era más fácil dedicarle esas horas a la semana a nuestra querida y odiada procastinación. Y para qué estamos con cosas, la pandemia sólo agudizó el problema. 

El tema es que han pasado más de 10 años desde que abrí el blog, y simplemente me resisto a abandonarlo. Lo que debería hacer es cerrarlo, admitir que no tengo tiempo ni ganas que dedicarle a este lugar. Pero, ¿saben qué? Una parte de mí, terca, obstinada, no quiere. Considera que no debe dejarse vencer por el desánimo, y que esto es sólo una etapa. Ya volverá el interés, ya volverá la pasión por la lectura, cuando era capaz de leer 100 libros al año.

Es mentira, por supuesto. Eso no volverá. No soy la persona que era hace 10 años, ni hace 20. La vida nos va exigiendo, formando, torciendo. Ya no leo como antes, y probablemente nunca lo haré. Debo acostumbrarme a esta nueva yo, que coge un libro y demora semanas en terminarlo.

¿A dónde quiero llegar? A que así como me estoy reencontrando con los libros, también quiero reencontrarme con este blog. Me dio mucha alegría, enojo y desconcierto, pero, sobre todo, siempre ha sido un recordatorio permanente de mi amor por las letras, algo que todavía se mantiene intacto a pesar de los años.

Así que vuelvo. Paso a paso. Hasta donde pueda. 


PD: Estoy bien. Sólo necesitaba decirlo. Es parte del proceso.

PD2: No prometo nada. La porfía no es eterna, se puede agotar en cualquier momento.

PD3: La porfía es inherentemente caprichosa. No prometo nada, bis.

PD4: También retomé bookstragram. Veremos si puedo acomodarme, odio que IG se haya llenado de publicidad y eso de los reels y no sé cuánto otro agregado. ¿Dónde está su esencia? En fin, nos vemos allí.