Elantris · Brandon Sanderson
Elantris #1 (de 3)
Nova · 2016
800 páginas
ISBN 9788466658843
Bienvenidos a la ciudad de Elantris, la poderosa y bella capital de Arelon llamada la «ciudad de los dioses». Antaño famosa sede de inmortales, lugar repleto de poderosa magia, Elantris ha caído en desgracia. Ahora solo acoge a los nuevos «muertos en vida», postrados en una insufrible «no-vida» tras una misteriosa y terrible transformación. Un matrimonio de Estado destinado a unir los reinos de Arelon y Teod se frustra, ya que el novio, Raoden, el príncipe de Arelon, sufre inesperadamente la Transformación y se convierte en un «muerto en vida» obligado a refugiarse en Elantris. Su reciente esposa, la princesa Sarene de Teod, creyéndolo muerto, se ve obligada a incorporarse a la vida de Arelon y su nueva capital, Kae. Mientras, el embajador y alto sacerdote de otro reino vecino, Fjordell, usará su habilidad política para intentar dominar Arelon y Teod con el propósito de somerterlos a su emperador y su dios.
Comentario personal
Al empezar a leer esta edición de
Elantris, me encontré con una presentación de Miquel Barceló, el editor, y un prefacio del genialoso Dan Wells. Ambos apuntaban a lo mismo: la novela que empezaba a leer escaparía de lo usual. Debo decir que acertaron casi un 100%.
La eternidad terminó hace diez años.
El punto fuerte de este libro es su protagonista, Elantris. Sí, la ciudad como centro de acción y problemática principal es, con mucho, lo mejor de la novela. Es difícil determinar qué hace tan especial a la ciudad de Elantris. Quizá esa introducción, donde se explica que la eternidad acabó hace 10 años, y Elantris, ciudad de dioses y luz, no es más que un antro de muertos vivientes y un recordatorio constante sobre un pasado esplendoroso que cayó en desgracia. Elantris, con sus callejuelas llenas de mugre, sus edificios con aire griego, sus ciudades hermanas y sus pobladores, los elantrinos, antiguos seres divinos y ahora estropajos sin vida y llenos de dolor… En fin. Las novelas en que la arquitectura y el urbanismo son el plato fuerte me ganan irremediablemente.
Sin embargo,
también son especiales los personajes que ha creado Sanderson para permitirnos conocer la historia de Elantris. Es verdad que ha caído en varios clichés (y quizá se le pueda justificar ya que fue su primera novela publicada), pero, incluso con esos detalles, los personajes de Sanderson son carismáticos y se ganan rápidamente el afecto del lector.
Raoden es el protagonista idealista, el líder natural, un hombre bueno y gentil que se ve afectado por la Transformación, la Shaod, y debe ser encerrado en Elantris. Allí, con ayuda de Galladon y muchos libros llenos de polvo intentará encontrar la respuesta al por qué los elantrinos perdieron sus poderes de la noche a la mañana.
Raoden es el personaje estratega, aquel que en medio de la tormenta analiza con detalle las cosas para hallar la solución. No obstante, el gran problema de Raoden como personaje es su perfección: Raoden mismo es la respuesta a las plegarias de Elantris, aunque a veces el autor trate de decirnos lo contrario, y es demasiado conveniente que termine en medio del conflicto.
Sarene, la princesa de Teod que por un matrimonio político llega a vivir a Arelon, es la chica vivaz, temperamental, que prefiere los tejemanejes diplomáticos y la esgrima a coser y bordar, es decir, la chica no-femenina que trata de imponer un protagonismo “diferente”. Por suerte Sarene no es antipática, y su actitud burlesca hacia la vida y los demás la salva de ser un completa Mary Sue (aunque la cantaleta de
“nadie me querrá jamás” fue demasiado para mí).
El antagonista, sin querer queriendo, es Hrathen, un sacerdote del Imperio Fjordell que debe convertir al pueblo de Raoden en tres meses, en caso contrario el emperador Wyrn arrasará Arelon.
Hrathen es quizá el personaje más complejo, al que no se puede odiar por estar atrapado entre la razón, la fe y su sentido del deber, y es el que más evoluciona durante la novela.
Hrathen es también el personaje que introduce el conflicto político-religioso. Como fue en nuestro mundo hace varios siglos, en el continente de Opelon hay una lucha ideológica asociada a dos religiones hermanas, el shu-dereth y el shu-korath. La primera es el estandarte del Imperio Fjordell, con el emperador Wyrn a la cabeza, quien recibe instrucciones directamente de Dios, Jaddeth. El shu-korath, por otro lado, predomina en Arelon y Teod, las dos naciones que han conseguido resistir a Fjordell. Quizá Sanderson se quedó un poco corto en explicarnos específicamente en qué consiste cada doctrina; sin embargo, también hay que reconocer que de haberlo hecho
Elantris fácilmente habría sobrepasado las 1000 páginas.
¿Alguien se hubiese quejado? Yo no.
La política también tiene suma importancia en
Elantris. Con los elantrinos y su majestuosidad en el olvido, el rey Iadon ha impuesto un sistema nobiliario absurdo que agoniza. Nobleza y poder adquisitivo van de la mano; es así que aquellos nobles que han sabido acumular riqueza pueden conservar sus títulos y tierras. Los que no… más les vale huir por sus vidas. Las tretas entre nobles son comunes, y es gracias a Sarene que nos vamos enterando del panorama en palacio, y cómo se va tornando más oscuro.
A pesar de sus ochocientas páginas,
Elantris se lee rápidamente.
La prosa de Sanderson es sencilla y fresca, y la táctica utilizada para desarrollar la historia, con tres puntos de vista alternados, consigue que el lector lea velozmente y no se sienta amedrentado por el grosor del libro.
Un plus, que a algunos puede parecerles una debilidad, es que Elantris casi no tiene acción: es una novela de exploración, de descubrimiento y de intrigas. Sí, es verdad que llegamos a un clímax y después todo se va al carajo, pero antes de eso hay más de 700 páginas en las que se explora la vida en Kae, en Elantris, la magia de los aones (un sistema mágico fenomenal, aunque no necesariamente original), los seones, el pasado de Arelon, etcétera, etcétera. En resumen, que
Brandon Sanderson nos da un buen bocado de la historia de Elantris.
La gente tal vez no lo supiera todavía, pero Hrathen era lo único que se interponía entre ellos y la aniquilación. Habían desafiado arrogantes a Jaddeth y Su pueblo durante demasiado tiempo. Hrathen era su última oportunidad.
Algún día lo llamarían su salvador.
Por otro lado, el concepto del Dor, un poder que bendice/maldice a los habitantes de Arelon es genial, por decir lo menos. Hablar de los aones sería spoilear gran parte de la trama, así que les diré que a pesar de no ser algo innovador, sí la forma en la que está planteado el sistema mágico de Sel —el mundo en el que se desarrolla la historia— es impresionante, sobre todo cuando el autor nos suelta unas piezas de información hacia al final que derrumban todas nuestras creencias.
No obstante, hay 3 puntos por los que no puedo ponerle la nota máxima a esta obra. Dos son cosas de apreciación, y no ahondaré en ellos because spoilers, pero uno, el más importante, es el que realmente me incomoda en una novela de esta envergadura:
Sarene no puede ser el único personaje femenino importante. Nope. Esto es algo que Sanderson seguramente mejora en sus otros libros; en
Elantris, la falta un personaje que le haga el contrapeso a Sarene es un agujero tremendo en la trama (perdón, Brandon, pero tenía que decirlo).
Dejando a un lado esos puntos flacos,
Elantris es un ejercicio que encanta a todo tipo de lector, siempre y cuando esté abierto a descubrir otro tipo de fantasía: más pausada, con personajes redondos y con un mundo rico en detalles y que da para un universo completo. Si aún no conoces a Brandon Sanderson,
Elantris es un excelente punto de partida. Por mi parte, definitivamente leeré todo lo que publique este hombre porque, rayos y centellas, ¡es demasiado genialoso para su propio bien!
Gracias a Ediciones B por el ejemplar para esta reseña.